El SEAT 124 apareció en el mercado en el año 1968, un momento en que la producción de vehículos de esta firma estaba en auge y rozaba la cifra de un millón de coches fabricados en la historia.
Destinado a las berlinas, con cuatro puertas, este nuevo modelo de SEAT podía alcanzar los 140 km/h a pesar de sus 855 kg de peso. Disponía de una potencia de 60 CV y una carrocería monocasco, además de unas puertas con bisagras delanteras y una luna que era doble, accionada a través de manivela. El maletero llevaba su propia llave y en él estaba el gato, la rueda de repuesto, las herramientas útiles de un coche y el depósito de gasolina. Finalmente contaba con elementos habituales como unas agarraderas con percha en la parte superior de cada puerta, parasoles que se podían orientar de la forma que quisiera el conductor y retrovisores que estaban preparados para evitar el deslumbramiento. El primer 124 que salió al mercado disponía de unos grupos ópticos en las luces delanteras que incluían unas luces de posición de pequeñas dimensiones que a su vez hacía las veces de intermitentes.
En 1976 salió a la venta el 124 “Pamplona”, que llevaba unos motores de 1600, 1800 y 2000, que contaban ya con unos intermitentes de color amarillo y luz de marcha atrás. Es un momento donde los cromados empiezan a tener menos importancia que antes y donde cada unos de los modelos que se hacen en el Viejo Continente no tienen nada que envidiar a los vehículos que produce la industria norteamericana.
El SEAT 124 cinco puertas más familiar, apareció en el mercado en 1969 y tenía como diferencias principales una mayor comodidad, con una puerta denominada de carga posterior y una anchura general mayor para poder colocar más cosas que antes. También se modernizó el tipo de luces. El SEAT 124 fue uno de los coches más comprados por la clase media española porque tenía un precio no demasiado elevado, disponible para un gran número de personas. El 124 junto, con el 1430, fueron los vehículos de los setenta y eran utilizados como taxis y por la Guardia Civil de Tráfico. Una de las versiones que se hizo era con motor biárbol, que dejaron de realizarse entre el año 1975 y 1976. Siguió su estela el modelo 124-1800 (FL-80), mucho más pobre en su composición pero más barato y con menos detalles, que a la postre hacen subir el precio final. Hasta 1978 estará en mercado este coche, pero después sería renovado tomando como modelo el SEAT 131. El nuevo FL 82 contaba con un encendido eléctrico, además de una mejor carrocería, lo que hacía que la conducción fuera más cómoda, a pesar de su enrome volante.
Si comparamos estos 124 con otros modelos tan consolidados de la misma firma como puede ser el SEAT León Cupra R, aparte de los 25 años de diferencia entre la construcción de uno y otro que marca el desarrollo de la fabricación de vehículos de las últimas décadas, ya sea en las versiones deportivas o clásicas, existen una cantidad de elemento técnicos que ya no tienen mucho que ver, porque las necesidades han cambiado. El 124 modelo 2000 pertenecía a una época donde se realizaban coches todavía con transmisión al eje posterior y que tenían un motor que se alimentaba de las funciones del carburador. El León, uno de los coches más comprados en la actualidad, empezó su andadura con una cilindrada menor, con cinco válvulas de cilindro en la culata y una diferencia de potencias evidente. Si el 124 tenía 114 CV el León dispone de 210 CV. Aunque sean de la misma marca y tengan una historia común, lo cierto es que las semejanzas son mínimas y vistos hoy uno al lado del otro no se diría que tuvieran el mismo origen.
El SEAT 124, sobre todo el 2000 es un coche que promete una conducción cómoda, ágil, que tiene unas prestaciones interesantes y una potencia que para la época no estaba nada mal. También tiene un peso adecuado que no provoca la sensación de estar llevando una máquina poco cómoda. Estos coches, especialmente los que disponían de motor biárbol, competían en los diferentes rallies de la década de los setenta y los ochenta. Los pilotos que llevaron esos vehículos ganaron diferentes competiciones, sobre todo de ámbito nacional pero también es reseñable el tercer puesto de Zanini y el cuarto de Cañellas en el famoso rally de Montecarlo con SEAT, lo que demostraba que era un coche muy útil y que tenía muy poco que envidiar a modelos más caros y más importantes como el Toyota Celica, el Lancia Stratos o el Opel Ascona. Los “taxis voladores” como eran conocidos en el ámbito automovilístico europeo tenían cuerda para rato.
Alrededor de 1978 se produjo un hecho complicado para la industria del automóvil. La Administración subió el impuesto llamado de lujo, que había que pagar al comprarse un coche; del 16 por ciento de unos años antes para los de menos de ocho CV fiscales, y de un veinte en los superiores, se pasó a un 17,2% en los del primer caso y al 22 por ciento en el resto. Además se desarrolló una nueva norma que decía que los coches que superaban los 13 CV el porcentaje subían hasta el 35 por ciento. Por este motivo SEAT, y alguna otra marca más, decidió disminuir la cilindrada de los modelos que superaban los 1.756 c.c. Estas modificaciones por parte de SEAT no llegaron de forma rápida porque los motores biárbol que procedían de Fiat no superaban esta cifra. Sin embargo la propia firma italiana tenía pensado dotar a los modelos 132 y 124 Spider una cilindrada que alcanzaba los 1.995 c.c. SEAT llegaría a estos términos con su 132 2000.
El SEAT 124, como el 600 y algunos más, está muy ligado a la historia de España y a las costumbres de la sociedad de esta época. Para las familias que no podían permitirse muchos lujos esta firma permitía la compra de estos vehículos, no tan modernos y perfectos como había en algunas partes de Europa y Estados Unidos, pero que tenían una utilidad importante en las tareas diarias.

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Hola,
Me ha hecho ilusión encontrar un documento tan bueno sobre el 124. El SEAT de mis sueños que compré de joven y del que guardo un gran recuerdo.