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Auburn V12 Roadster

La aparición de este vehículo en 1932 y su fulminante desaparición dos años después está estrechamente ligada a la situación económica de su país de origen, Estados Unidos.

La empresa de coches Auburn, en Indiana, liderada por el empresario Errett Lobban Cord, consiguió un número de ventas muy elevada en los años veinte, siempre tuvo una muy buena fama. Su secreto era unos ejemplares a bajo precio, en comparación con la competencia, y una apariencia más positiva, por ello muchos de ellos han sobrevivido hasta hoy.

Eran los “felices años veinte”, mientras Europa se intentaba recuperar de la guerra, al otro lado del Atlántico todo aparentemente era desarrollo y prosperidad pero ha medida que se acaba la década empiezan a detectarse síntomas de debilidad, se acumulan stockages por falta de liquidez, se produce un auge especulativo con la compra de terrenos con créditos (eso quiere decir que hay dinero ficticio). Así en octubre de 1929 la bolsa de Nueva York, después de meses de subidas ejerce un descenso brutal, la causa principal podría ser la retirada de capitales europeos. El caso es que los efectos de la caída bursátil se extienden a todos los sectores económicos: a la banca, a las fianzas, por no pagarse los créditos, a la industria por un parón productivo y al incremento del número de desempleados. En unos meses se pasó de la prosperidad a la depresión. La crisis del 29 fue la más grave del capitalismo y para salir de ella había que adoptar cambios radicales, incluido el intervensionismo del estado en la economía con el denominado New Deal del presidente Roosvelt. 

En estas circunstancias, con la empresa Auburn también en crisis (lejos quedan los años de esplendor), se intentó cambiar la situación agónica existente lanzando al mercado el Auburn V12 Roadster, pero esta medida desesperante no surgió efecto, y la marca de Cord vivió el mayor fracaso de toda su historia. Y no por culpa precisamente de ese modelo, que no fuera adecuado, sino porque en ese momento concreto de la historia, cualquier otra solución que su hubiera propuesto habría tenido idéntico resultado.

El empresario Cord intentó poner en marcha la misma idea que años atrás: un precio bajo para estos vehículos, pero eran otros tiempos y además esta política económica no siempre surtía efecto porque la mayoría de los compradores eran muy exigentes y buscaban lo mejor, independientemente de lo que pudiera costar. Los modelos Cadillac, Lincoln etc. estaban por encima. Por este motivo se realizaron muy pocos modelos Auburn de 12 cilindros. Los anteriores formatos que salieron a la luz tuvieron muy buena acogida en el periodo comprendido entre 1925 y 1935, pero con este nuevo no ocurrió lo mismo.

El fracaso de este coche, por tanto, no fue por algún problema técnico o porque funcionaban mal y no salieran rentables, simplemente llegó en un mal momento. Por lo demás era un vehículo bastante atractivo en su parte externa, un deportivo típicamente americano, bastante llamativo en sus colores, con una estampa muy ligera. Destacaba sobre todo por su potencia y una elasticidad que eran difíciles de encontrar en otros modelos. Su interior era muy cómodo, confortable y se movía con una gran agilidad y suavidad. Con una suspensión adecuada, no tenía ese balanceo continuo de algunos coches al coger las curvas y llegaba a conseguir una gran velocidad. Los que han podido llevarlo aseguran que era fácil de manejar, no tenía demasiadas cosas inservibles que pudieran descentrar la atención.

El motor de este vehículo, realizado por la empresa Lycoming, una filial de la empresa de Cord, tenía un sonido adecuado al oído humano, se escuchaba lo suficiente y no tenía un estruendo que pudiera molestar.
El coche tenía un total de tres marchas, pero lo más curioso era que gracias a un puente trasero que tenía unos instrumentos capaces de combinarse con la caja de cambios, el Auburn llegaba a tener hasta seis velocidades, sin contar con la marcha atrás. La distribución de este coche era bastante rara con unas válvulas especiales creadas por los hermanos Duesenberg, y que también fueron acopladas a otros modelos.

En momentos complicados, como en grandes atascos llamaba la atención por lo bien que se desenvolvía en esa concretas situaciones, los frenos hidráulicos estaban capacitados para alguna situación brusca que hiciera obligatoria la detención del vehículo. Por otro lado a la hora de acelerar aumentaba la velocidad de forma muy rápida y daba la sensación de que obedecía perfectamente lo que el conductor demandaba de su coche en cada momento. Alcanzaba los 130 kilómetros por hora en las grandes autopistas que había en ese instante y podía mantenerse a esas velocidades sin que diera la impresión de que se ahogara. Lo más negativo de este Auburn era el consumo, gastaba bastantes litros.

Puede parecer increíble que con estas características allá por los años treinta no pudiera sobrevivir por más tiempo este tipo de coche, parece casi perfecto y además estaba bastante barato en comparación con otros. Pero la realidad es que no duró más de dos años. A veces se tiende a engrandecer más de lo debido aquello que tenía un futuro prometedor y que por determinadas circunstancias no llega a buen puerto, pasa mucho en varios aspectos de la vida. Pero en este caso no existen exageraciones posibles, era un coche muy completo, atractivo en todos los sentidos, uno de los modelos más interesante entre los coches deportivos y que superaba en muchos aspectos a vehículos de su misma época que han llegado hasta nosotros con más fama y prestigio.

En definitiva, el Auburn V12 Roadster apareció en el momento menos indicado, cuando la situación política y económica de Estados Unidos no estaba precisamente para comprar nuevos modelos de coches y había que apretarse bien el cinturón con la situación que existía. Quizás si las circunstancias hubieran sido otras, en un panorama general mucho más tranquilo, este coche, desconocido por casi todos los no aficionados al motor, tendría una reputación hoy en día bastante más importante y hubiera quedado en la retina de los que pudieron conducirlo, que lamentablemente en la realidad, fueron muy pocos.

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...por Sergio Yuguero ...por Sergio Yuguero


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