La historia de este coche es bastante llamativa porque se trata de un ejemplar muy minoritario y que tuvo unos años de producción realmente contados. Estos vehÃculos fueron creados por Geoffrey Taylor entre aproximadamente el año 1932 y el final de la década de los treinta.
Se fabricaron muy pocas unidades, exactamente veintiocho, por lo que su mantenimiento hasta nuestros dÃas es bastante difÃcil. Este coche pertenece a la firma británica Alta, que en ese momento era de las más innovadoras. Taylor fundó su empresa en 1931 y la consiguió mantener hasta la fecha de 1958, con el parón obligatorio que supuso la Segunda Guerra Mundial en la producción de vehÃculos. El nombre de la marca es bastante curioso si tenemos en cuenta su origen, la abreviatura o más bien la contracción de Alberta, ciudad canadiense. Los Alta son vehÃculos muy veloces, auténticas balas que han sido utilizados para las carreras desde los primeros modelos. La primera vez que un coche de este tipo compitió fue en 1932 en la mÃtica prueba de las 24 horas de Le Mans. Los motores iniciales disponÃan de un chasis Frazer-Nash, el Horton Special y posteriormente se fabricó el primero sobrealimentado. Cormack estuvo al volante con un motor de éstos y venció en muchas competiciones.
A medida que fue pasando el tiempo y los éxitos llegaban, los instrumentos de la industria se fueron perfeccionando, en este caso se optó por diseñar dos motores diferentes, dependiendo de la categorÃa que tuviera el coche, 1.500 ó 2.000 c.c. En 1936 se consiguieron vender cinco ejemplares Alta Sport, y uno de ellos era un monoplaza para las competiciones serias. Era un buen momento para la marca, especialmente en Gran Bretaña, por lo que los proyectos eran cada vez más ambiciosos, el siguiente fue un motor V8 de 3 litros. Pero todo lo bueno tiene un final y aquà vino por culpa de la contienda bélica, que paralizó las ganancias anteriores. Apenas salÃan un par de coches nuevos en esos malos tiempos ya que además existieron problemas con el combustible con alto octanaje. Se quitaron el compresor de la mayorÃa de los motores, lo que derivó en los motores Alta Atmosféricos, los primeros que se realizaban y que aún se conservan. Pese a los aires de guerra que existÃan, la gama de estos coches era muy civil, y nunca pretendieron hacer ejemplares más propicios para los tiempos que corrÃan.
Tras la guerra las cosas cambiaron porque el pionero Taylor se centró en el mercado motorÃstico y desempeñó funciones en las firmas HWM y Connaught, permitiendo a Macklin, Moss, Broocks o Salvadori que se llevasen la mayorÃa de las victorias. Cuando los coches de esta marca empezaron a no obtener tan buenos resultados y dieron paso a otras escuderÃas, los Alta comenzaron a perder algo de prestigio y además se esparcieron por muchos lugares del mundo como Estados Unidos o Australia. En los últimos años se tiene constancia de la existencia todavÃa de nueve monoplazas y siete de dos plazas, aunque casi todos tienen compresor.
Un coleccionista inglés llamado John Ruston, que tenÃa tres ejemplares en su poder, quizás los mejores, decidió venderlos, y uno de ellos aterrizó en España, y fue a parar a la escuderÃa de José Fernández, quién rápidamente tomó la decisión de incluirlo en el Le Mans Classic.
En cuanto a las caracterÃsticas propias de Alta Sport Two, tenÃa una aerodinámica que perfilaba la parte delantera, redonda, y las aletas. El asiento estaba tapizado con cuero y era realmente cómodo, que quizá da la sensación de estar un poco bajo con relación al volante. Tanto era asà que estos deportivos tenÃan el llamado centro de gravedad a una altura tan baja que daba la sensación de que el conductor quedaba hundido (de frente no se le veÃa). Una vez montado en él un rato se sentÃa una sensación rápida de calor, más si cabe rodeado del motor y la caja de cambios, pero con las condiciones meteorológicas de las Islas no suponÃa un gran problema. TenÃa una gran estabilidad y contaba con un cortavientos de aviación en lugar del parabrisas habitual. Los coches que salÃan de la fábrica de Taylor estaban hechos de material artesanal, a excepción de los carburantes y la caja de cambios. Algunos de ellos podÃan llegar a los 160 ó 210 CV. El volante Ashby y las grandes circunferencias o relojes que indicaban la velocidad y el cuentavueltas daban un aire nostálgico, de otra época, a unos coches que no han perdido su elegancia a pesar del cambio brutal que ha sufrido la industria automovilÃstica. Con el arranque del coche se notaba ese pequeño sonido propio de aquellos tiempos, que lejos de molestar traslada al conductor a esos años previos a la guerra. CogÃa una gran potencia cuando superaba las 6.000 rpm. y consigue alcanzar los 190 Km/h.
Todo coche tan antiguo tiene también algunos problemas. Por ejemplo la parte delantera da la sensación de flotar, debido especialmente a que el chasis carece de rigidez y luego también influye la disposición de la suspensión, con ballestas llamadas semielÃpticas. Los nuevos modelos ya salieron con una suspensión diferente, independiente, muy similar a la de los coches de la marca Morgan. Para paliar estos problemas los técnicos de la época se inventaron unos lastres sobre la parte delantera del chasis. Este coche deportivo, que se nota que lo es por su cola, aerodinámica, aletas etc. tiene una parte trasera muy completa, espaciosa, donde cabe la rueda de repuesto el depósito de combustible y demás.
Uno de los ejemplares, el que llegó a España tuvo una historia llena de peripecias: su primer cliente, un alemán llamado Kitzernau, lo pidió de fábrica con el volante en la parte izquierda, el único realmente que se hizo a la manera tradicional del resto del mundo. Después fue a parar a Estados Unidos, allà fue comprado por otra persona antes del inicio de la guerra; cambiado de color, del verde inicial al azul, se perdió su pista durante bastante tiempo hasta que el coleccionista Ruston se hizo con él y lo incluyó en su colección. En 2002 fue subastado y acabó en las manos de Fernández.

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El Alta Sport Two es un coche que dificilmente puede verse y se trata de toda una obra de arte del motor, o como vosotros llamáis, de toda una joya de la automoción.